Esta es la segunda parte de una serie de tres reportajes, que cuenta con el apoyo del Centro para el Periodismo en Salud de USC Annenberg. Las dos primeras historias de esta serie están disponibles aquí: la primera parte y la parte tres.
El Valle de Salinas produce más de la mitad de la lechuga del país. En uno de los muchos campos de la región, Mark Mason, asesor agrícola y de control de plagas de Huntington Farms, señala a una manguera grande conectada a cilindros metálicos que forman parte del sistema de riego.
“Aquí tenemos instalada una estación de filtración que nos permite medir cuánta agua se usa para el riego, la presión del sistema y el flujo del agua, para monitorear el distribuye de agua en los campos”, dice.
Huntington Farms abarca alrededor de 5,000 acres en el Valle de Salinas. Sus tierras se manejan bajo un sistema de agricultura convencional, no orgánica, lo que significa que dependen del uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos para producir sus cosecha cada temporada.
Los fertilizantes aportan nutrientes al suelo que las plantas necesitan. Uno de los más importantes es el nitrógeno.
“Las plantas usan nitrógeno, igual que nosotros, para formar proteínas”, dice Michael Cahn, asesor de agua de la Extensión Cooperativa de la Universidad de California.
Las verduras de hoja verde y otros productos que se cultivan en el Valle de Salinas necesitan grandes cantidades de fertilizante. Pero esa demanda, junto con el hecho de que la mayoría de estos cultivos agrícolas tienen raíces poco profundas, hace que el exceso de nitrógeno llegue fácilmente al agua subterránea. El nitrógeno se disuelve en el agua, se filtra por debajo de las raíces y, con el tiempo, alcanza el manto de agua subterránea.
Y una vez que llega ahí, el nitrato—que es la forma en que se presenta el nitrógeno en la mayoría de los fertilizantes—es difícil de eliminar.
“Es como la sal”, dice Cahn. “Una vez que está en el agua, no es fácil retirarla. Para eliminarla, se necesitan procesos especiales como la desalinización o la ósmosis inversa”.
Este es uno de los grandes problemas que enfrenta la Costa Central, donde más de 14,000 personas viven en áreas donde el agua tiene niveles peligrosos de nitratos, que ponen en riesgo su salud, lo que aumenta el riesgo de cáncer, problemas de la tiroides y el síndrome del bebé azul.
Cahn trabaja con agricultores como Huntington Farms para ayudarlos a manejar mejor el uso del agua y reducir la cantidad de nitratos que se filtran fuera de sus campos.
“Una de las áreas en las que hemos investigado mucho es entender exactamente cuánto fertilizante de nitrógeno necesitan estos cultivos y qué tan rápido lo absorben”, dice Cahn.
Al usar únicamente el fertilizante necesario y mejorar el riego, se reduce la contaminación. Los cultivos de cobertura también pueden ayudar. Esos se siembran fuera de temporada entre una cosecha y otra para mejorar la salud del suelo y a absorber mejor el agua. Así también evitan que los nutrientes se filtren al agua subterránea, .
Hannah Waterhouse es profesora asistente de agroecología en la Universidad de California en Santa Cruz. En un campo de prueba dentro del colegio, ella estudia cómo los cultivos de cobertura ayudan a mantener la humedad del suelo y a proteger la calidad del agua.
“Tienen el potencial de reducir la cantidad de agua que se filtra hacia el agua subterránea. Eso es lo que estamos estudiando”, dice. “Y ayudan a que el suelo absorba mejor la lluvia del invierno”.
Waterhouse dice que el uso de cultivos de cobertura es más común en otros lugares.
“Aproximadamente el 5% de la región utiliza cultivos de cobertura, lo cual es bastante bajo”, dice. “Maryland, por ejemplo, tiene alrededor del 30%. Eso muestra que aquí se puede mejorar”.
Ahora, Waterhouse forma parte de un panel de expertos de la agencia estatal del agua de California, que evalúa si hay suficiente información para regular la cantidad de fertilizante que se aplica en los campos.
En 2021, la agencia regional de la Costa Central intentó establecer límites para los nitratos. Pero, tras la oposición de los agricultores, la agencia estatal bloqueó la regulación, indicando que se necesitaba más información.
Este es el segundo panel de expertos creado para revisar este problema. En la reunión más reciente, que se llevó a cabo en agosto, la profesora de recursos hídricos de la Universidad de Santa Clara, Iris Stewart-Frey, explicó al panel que existen décadas de estudios científicos. Dijo que estas investigaciones demuestran claramente la necesidad de hacer cambios en la forma en que se regula el uso de fertilizantes.
“Decir que no hay suficiente evidencia para establecer límites al uso y a la descarga de nitratos es comparable a lo que hizo la industria del tabaco, que durante décadas puso en duda la ciencia y se opuso a las regulaciones”, dijo.
Daniel Rath, científico de la tierra del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, señaló que otros países ya han establecido límites al uso de fertilizantes con nitrógeno. Explicó que la Unión Europea implementó estos límites desde la década de 1990 y que Nueva Zelanda hizo lo mismo en 2023.
“Vemos que los límites al N (nitrógeno) generalmente están asociados con una mejor calidad del agua superficial y subterránea en la Unión Europea, especialmente en las regiones con enfoques regulatorios más estrictos”, dijo.
En algunas zonas, las regulaciones han logrado reducir los nitratos en el agua subterránea hasta en un 60%, pero ha sido un proceso de 30 años.
Los nitratos no llegan de inmediato al agua subterránea. A menudo tardan décadas en filtrarse y alcanzar los acuíferos. Por eso, incluso si hoy se establecieran límites en el Valle de Salinas, muchas comunidades seguirían teniendo agua contaminada durante años.
Pero la gente ya siente los efectos en su salud. Por eso, la agencia del agua de la Costa Central planea ofrecer agua alternativa a más de 14,000 personas durante los próximos 10 años.
Más sobre esto en la parte tres.
Esta historia fue traducido del inglés por Dolores Marquez.
This story was translated from English by Dolores Marquez.